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Madre: salí un día de casa,
persiguiendo una ilusión,
encontrar lo que deseabas,
para alegrar tu corazón.
Más, encontré tanta gente,
torbellino sin igual,
todos en loca carrera,
en pos de un mismo ideal.
Reflexione por un instante,
y no pude continuar,
pues aquello que buscaba
no lo iba ahí a encontrar.
Torné mis pasos cansados,
se hizo largo el regresar,
pensamientos que afloraban
cosas por qué meditar.
Ya al estar en mi cálida casa
y Pletórico de emoción.
Te dije: Madre querida,
traigo mis manos vacías,
pero aquí en mi corazón,
tengo miles y miles de rosas
que te entrego con amor.
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